Basur’Ad’ Espacial

Astronauta

Hace pocas semanas se cumplió un año de la ascensión a los cielos de Félix Baumangartner. ¡Un año ya!

Y pensando sobre este hito histórico del marketing como fue Red Bull Stratos, caí en la cuenta de algo muy curioso, de un patrón que se repetía una y otra vez (algo típico de esta profesión) y de lo que esto iba a provocar: El espacio está de moda.

En los últimos años las marcas han descubierto en él un nuevo soporte, medio, espacio publicitario (nunca mejor dicho). Las marcas, no contentas con llenar de basura todo lo que nos rodea en este planeta, ahora han decidido colonizar algo que hasta hace poco era inocente y puro, como es el espacio sideral.

Red Bull no fue la única que lanzó su marca a lo más alto. Lo hicieron otras tantas más con estrategias y comunicaciones muy distintas. Como por ejemplo Kia, que lanzó una raqueta de Rafa Nadal para que éste volviera a lo más alto del ranking ATP. O Toshiba, que mandó una silla para redefinir el punto de vista de su nueva tele desde tu sofá. También Axe, que con su Apollo Academy, formó a adolescentes con granos en la cara para, más tarde, enviar a uno de ellos a una misión espacial. A éstas se le suman otras como Samsung, Natty Light Beer, Salsas Ballymaloe… y alguna más que se me escapará, seguro.

Así que ahora, las heces fecales de los astronautas de la estación MIR que vagan en gravedad 0 por el tranquilo y oscuro espacio, chocarán con otras mierdas como raquetas, sillas, smartphones o mermeladas de frambuesa…  defenestradas y olvidadas por las marcas.

Pero los más perjudicados de esto, además de los propios creativos y las marcas al perder originalidad e identidad, van a ser los pilotos de Ryanair, que si ya no tenían suficiente con sus líos diarios, ahora tendrán que estar atentos para que no se les cuele por sus maltrechas turbinas ningún globo portador de algún objeto marketiniano.

Por eso, hago un llamamiento a los clientes y creativos. No ensuciemos más el espacio, porque quizás, dentro de unos años, tengamos que vivir allí.

Ilustración de Nico Ordozgoiti