El día que Reidy decidió hablar

Femen_

Nadie lo esperaba de ella. Nadie. Ninguno de los presentes hubiera puesto ni un solo dólar sobre la mesa si días atrás le hubiesen pedido que apostara por ello. Pero así fue.

Dianne Reidy llevaba años transcribiendo los discursos de los legisladores en el Congreso de los Estados Unidos. Sus trazos breves, sus abreviaturas y sus dedos incansables habían dejado en papel la voz de todos aquellos que dicen servir en función de la población de cada estado. Pero las tensiones vividas en la sala durante los 16 días de cierre de la Administración norteamericana superaron todas sus expectativas.

Por eso, durante el sufragio que supuso el fin del cierre del gobierno y frenó la inminente crisis, Reidy decidió abandonar su lugar habitual y dirigirse despacio al micrófono situado en el centro de la sala.

No duró más de un minuto, que se encargó de llenar de frases relativas a Dios y contra los congresistas. Pronto fue reducida mientras entonaba las primeras estrofas del “God bless America“.

Lo que pasó entonces tan fugazmente, produjo un eco que todavía resuena semanas después en los medios de comunicación de todo el mundo.  Desde el New York Post hasta el diario El País.

Aunque sea fácil deslizar el debate hacia otros derroteros, desde aquí no voy a realizar ningún análisis más allá del propio impacto mediático. Al leer esta noticia hace unos días, recordé lo que alguien me dijo una vez: “No te engañes. Las redes sociales hacen ruido, pero el verdadero impacto sigue estando frente a las cámaras”.

Puede que tenga razón. Al menos en parte. Un solo impacto en el lugar y en el momento adecuados es como una bala hacia el corazón de las conciencias.

Sobre todo porque la detonación generada el día que Reidy decidió alzar su propia voz en la Cámara de Representantes no difiere, desde este punto de vista, a lo que hace unas semanas sucedió en nuestro propio Congreso, cuando las activistas de Femen irrumpieron a voz en grito y a pecho descubierto.

Hay mucho que discutir sobre el fondo y las formas. Pero creo que ambas consiguieron lo que buscaban: centrar la atención de los medios con una acción brutal de unos pocos segundos.

Recientemente Marta Michel, directora del suplemento Yo Dona, hacía referencia en el editorial del suplemento a la entrevista realizada con Lara Alcázar, líder en España de este movimiento. “…Si queréis que pose con el pecho al aire debo hacerlo siguiendo el mandato de la organización: piernas abiertas, brazos en alto y sin sonreír…” afirma que comentaba Alcázar antes de la sesión gráfica.

Una imagen mucho más estudiada que la de la taquígrafa. Una potente fotografía del llamado -por algunos- “nuevo feminismo” que merece, sin duda, un post aparte.

Imagen: Bastien Deceuninck. Licencia CC.