“Escribo a ciegas”

13.15. Todos los tripulantes de los compartimentos sexto, séptimo y octavo se trasladaron al noveno. Aquí nos encontramos 23 personas. Tomamos esta decisión como resultado de la avería. Ninguno de nosotros puede subir a la superficie. Escribo a ciegas”.

Cuentan que esta nota, con palabras claras y directas como una bala, fue encontrada en el bolsillo del teniente de navío Dmitry Kolesnikov pocos días después de aquel trágico 12 de agosto de 2000, cuando las aguas heladas del mar de Barents se abrieron para engullir al submarino nuclear ruso K-141 Kursk, convertido en una trampa mortal para toda su tripulación. Kolesnikov, al igual que el resto de sus compañeros, no consiguió escapar de ella.

Tal y como relataba en su artículo de El País Juan José Millás, un imprescindible para quien quiera encontrar auténticos tesoros en la prensa diaria, “en situaciones extremas, la literatura sale a presión, como por la grieta de una tubería reventada. El documento del oficial del Kursk es bueno porque es necesario”. Desde mi punto vista, es también una fiel (y brutal) representación de la necesidad de hablar a los demás y -sobre todo- de llegar a ser escuchados, leídos o comprendidos en una situación límite.

Dejando atrás la realidad salvaje de la tragedia del Kursk, la nota del bolsillo del teniente Kolesnikov podría ser hoy cualquier dispositivo móvil, cuya pantalla también se ilumina en nuestros bolsillos cuando alguien contesta a uno de nuestros mensajes.

Eventos recientes, como la tragedia del Madrid Arena o la huelga general del pasado 14 de noviembre nos han dejado ejemplos claros. Distintos usuarios, en momentos distintos pero con un objetivo común: informar de lo que estaba sucediendo en ese instante para que otros pudieran enterarse de primera mano de una realidad que, sólo unas horas más tarde, estaría en los principales medios de comunicación.

Alguien me dijo una vez que Twitter es “como una radio silenciosa”. Creo que es verdad sólo en parte. En la mayoría de las ocasiones hace falta el filtro del periodista para poder conocer todos los ángulos de la noticia. Pero en otras, sin lugar a dudas, se convierte también en aquella realidad que Kolesnikov sólo consiguió tras su muerte: un grito directo, rápido y eficaz que se envía instantáneamente desde el centro mismo de la noticia.

Imagen: Wikipedia (http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Kolesnikov_note.jpg)